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ROSITA FORNÉS WEB PAGE

Un día como hoy, pero hace 80 años ...














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Hace 80 años, un lunes, 12 de septiembre de 1938, se escuchó por primera vez en público el nombre de
ROSITA FORNÉS.
El lugar, los estudios de CMQ Radio de Monte y Prado. El programa, un Concurso de Aficionados nombrado
LA CORTE SUPREMA DEL ARTE,
que fuera cantera de nuevos valores artísticos,
muchos de los cuales llegarían a ser grandes estrellas de Cuba.

Sirva este video como Homenaje a la Radio Cubana, a todos los que de una forma u otra fueron participes del Concurso, a las Estrellas Nacientes y en especial a La Fornés, por una larguísima trayectoria,
colmada siempre por el éxito.

Gracias Rosita, por buena artista, por mejor persona y por el ÁNGEL que siempre te (nos) iluminó.

SALUD EN TUS 80, INOLVIDABLE VEDETTE.

"Yo asisto a ese fabuloso programa -le contó en el 2001 Rosa a Evelio R. Mora-, cuando nos mudamos de La Habana Vieja para la calle B, entre 17 y 19, yo tenían entonces 15 años, en la flor de la juventud, prácticamente La Corte Suprema del Arte estaba en su despegue".

"Puesto que la comidilla del día era ese programa, como joven con inquietudes quise estar ahí. Tras mucho esfuerzo logré convencer a mis padres para que me permitieran participar; aunque yo no tenía ningún conocimiento musical, solamente la aptitud. Pero, como toda joven, dominaba la melodía y las letras de muchas canciones y me pasaba las horas cantando y escuchando discos en la gramola, artefacto para escuchar los discos de pasta negra, de aquellos tiempos".

Su padre le dijo: "Ya que lo vas a hacer, entonces hazlo bien, no compitas con un tema fácil que todos cantan, inténtalo con una canción folclórica, con algo difícil que valga la pena".

La joven seleccionó "La hija de Juan Simón", una milonga muy famosa que cantaba Angelillo, años después, en 1957, Abelardo Barroso la grabaría con la orquesta Sensación.

"La inscripción no fue cosa fácil -cuenta Rosita- porque había muchos aspirantes. Antes ya mi padre había consultado con un directivo de la RCA Víctor si debía competir. Entonces me llevaron ante un maestro pianista llamado David Rendón, me hizo algunas pruebas de canto, escuchó el número que yo había preparado, le pareció bien, aunque me recomendó que lo hiciera con guitarra que tenía más afinidad con el tema de la milonga hispana".

"Fuimos hasta la zona del puerto, a ver a un guitarrista llamado Manolo Tirado, que dominaba muy bien el cante jondo. El guitarrista me escuchó y aceptó de inmediato ser mi acompañante. Con él aprendí mucho, pues era un experto en folclor. Me enseñó a interpretar fandanguillos, bulerías, soleares y hasta milongas, e incluso me indicó la manera de moverme, según la cadencia y el ritmo de la melodía".

"Hasta me enseñó a tocar las castañuelas, en aquellos tiempos lo español estaba de moda, imagínate que eran tiempos en que España pasaba muchas vicisitudes y la gente emigraba en oleadas. Se acercaba la guerra civil española".

Rosita participó una noche de un día cualquiera en el programa La Corte Suprema del Arte, la escucharía casi toda la ciudad, todos estaban a la expectativa de tan atractivo programa competitivo.

"Había mucha tensión entre los candidatos que iban quedando, porque habían sonado algunos campanazos y eso ponía nervioso a cualquiera. Al fin me tocó mi turno, ya había ensayado bastante, estaba entrenada, no estaba tan asustada como otras".

"El titular del programa, José Antonio Alonso, me presentó. Dijo: "Ahora con ustedes una bellísima rubia que nos va a interpretar la milonga "La hija de Juan Simón". ¡Señoras y señores, Rosita Fornés!".

Cuando Rosita comenzó a cantar se olvidó de todo, se concentró en la canción, en el entrenamiento, en la actuación que merecía la interpretación. "La melodía era bastante difícil, pues había que hacer muchos gorjeos, había soñado tanto con ese momento que me sentí dueña del estudio.

"Ni el público, ni el micrófono estático y negro frente a mí, ni la sensación de escuchar mi propia voz por los altavoces me afectaron. Canté con mucha seguridad y terminé llevándome el primer premio. Salí cargada de regalos y flores. Era el 12 de septiembre de 1938, esa noche nació Rosita Fornes".

Le ofrecieron un contrato por cinco pesos semanales, Germán Pinelli se encargaría de presentarla. Las presentaciones en CMQ se multiplicaron, entonces conoce a Gonzalo Roig y participa en el elenco de la zarzuela "Cecilia Valdés".

"Roig me auguró un futuro de gloria en el medio artístico y me insistió en seguir estudiando para alcanzar la perfección. Las palabras de Roig fueron premonitorias", contaba La Rosa de Cuba.


FRAGMENTO DE UNA ENTREVISTA DE JOSEFA BRACERO TORRES

Con La Corte Suprema del Arte, la radio inaugura el primer programa que tiene el aplauso del público como gran veredicto. Sale al aire el 1ro de diciembre de 1937, en la CMQ de Monte y Prado, en la Ciudad de La Habana. De este programa que anima José Antonio Alonso, surgen incontables figuras que más tarde iluminan el firmamento artístico del país. Entre ellas, destaca, nuestra Rosita Fornés.

"Me siento muy orgullosa por haber iniciado mi vida artística en La Corte Suprema del Arte. Fue para mí un paso primero, pero muy seguro que me abrió las puertas de la radio. Llegué cuando el programa tenía más de un año. Que me admitieran, que le cayera bien al público desde la primera noche, fue un logro".

Desde que tiene uso de razón, quiere ser artista, -confiesa- que no ha visto teatro y no asiste mucho al cine. Eso sí, su abuelo tiene una discoteca fabulosa y ella se pasa muchas horas oyendo ópera y zarzuelas.

"Escuchaba radio y cuando tenía catorce años ya me sabía todas las canciones españolas de moda en esa época. Mi padre me quiso complacer, porque me pasaba la vida cantando y fue así como me llevó a La Corte Suprema del Arte. En ese programa ya había una colección de estrellas nacientes. Así llamaban a los que se llevaban el primer premio de la primera noche, y después se quedaban contratados".

En su primera y memorable actuación, el público, el de ayer, brinda su mayor aplauso a Rosalía Palet Bonavía, para que su pueblo, el de siempre reciba a una de las figuras emblemáticas de la cultura nacional, dueña genuina de la escena, la vedette de América: Rosita Fornés.

"En mi casa me pusieron Rosalía, pero nunca en la vida me llamaron así, siempre me dijeron Rosita. Era la tercera Rosita, la más chica. Rosita se llamaba también mi abuela y mi tía por parte de madre".

Pero ella no considera artístico el nombre de Rosita Fornés. Veamos ¿por qué?.

"Aún cuando no estoy inscripta como Rosita Fornés, no lo considero nombre artístico. Yo me siento Rosita, por lo que ya te dije y lo de Fornés tiene una explicación. Mi papá se llamaba Santiago Palet y murió siendo yo pequeña, estando ya divorciado de mi madre. Mamá se casó de nuevo con José Fornés. En realidad, Fornés es el que me cría y cuando decido inscribirme en el concurso de la CMQ, él me complace, alienta y me dice: "Inscríbete como Rosita Fornés, ya que no tienes mi apellido legalmente, si algún día llegas a ser una artista famosa, que sea con mi apellido". Y lo hice con mucho gusto, porque, además, tengo dos hermanos Fornés, de verdad".

"¿A quién se lo va a dedicar? ¡Música, maestro!". Con ese estilo personalísimo que lo caracteriza, el animador del programa José Antonio Alonso da paso a cada concursante.

Rosita recuerda: "Éramos verdaderamente aficionados. Todo lo que hacíamos era por inspiración, por eso tengo un recuerdo muy bonito de ese primer paso por la radio. Desde la primera vez, me puse nerviosísima. Cada vez que me anunciaban las piernas casi se me doblaban, pero era tanto el deseo de actuar y de cantar que salía adelante. Además, he tenido una cosa muy buena: le he caído bien a la gente, lo que me ha ayudado mucho. He tenido eso que llaman "ángel".

Desde finales de la década de los años treinta, profundos lazos de cariño la unen a un símbolo de la radio nacional. ¿Cómo se inicia esta amistad?

"Con el grupo de estrellas nacientes conformaron un espectáculo musical, que se presentó en todos los teatros de La Habana y en muchas provincias. Llegamos hasta Camagüey. Para estas giras, el espectáculo de La Corte Suprema del Arte contó con un presentador, que fue como un padre que nos cuidaba a todas, porque éramos muchachitas muy jovencitas. Imagínate, yo tenía quince años y siempre me acompañaba una tía mía, en aquellos momentos se cuidaban mucho esos detalles. Y Germán Pinelli se convirtió en un padre para todas, muy cariñoso. Allí nació una amistad entrañable, que duró casi sesenta años".

Entre las añejas imágenes que guardamos en los archivos del recuerdo, hay algunas que permanecen frescas como el primer día. ¿Recuerda Rosita Fornés cuál fue el número con que debuta en la radio?.

"¿Cómo no lo voy a recordar? Eso no se olvida nunca. Cuando tenía diez años mis padres me llevaron a vivir a España y regresaron casi cuatro años después. Yo me aprendí todo el repertorio de canciones españolas de la época. El que cantaba Conchita Piquer, Imperio Argentina, Estrellita Castro.

Cuando me presenté en La Corte Suprema del Arte, el maestro David Rendón era el director musical, probaba a todos los aspirantes y sugería el acompañamiento. Así me presenta a un guitarrista andaluz, que tocaba a veces allí y había acompañado a otros concursantes que cantaban algo de flamenco.

Este guitarrista me preguntó si sabía música española y le dije que me gustaba una milonga que era muy popular en España. Yo la oía mucho por la radio interpretada por un cantante famoso que se llamaba Angelillo. Y fue así como obtuve el Primer Premio con La milonga de Juan Simón, acompañada por la guitarra andaluza de Manolo Tirado, que realmente la enriqueció musicalmente.

Por cierto, recuerdo un detalle que me daba mucha gracia, este guitarrista hablaba con voz ronca y "muy cerrada". Algo típico en la comunidad andaluza es la diferencia que presentan en el habla las distintas regiones. En el caso de Manolo, no estoy segura si era de Córdova, pero hablaba así".

Cuando le pregunto sobre su formación, Rosita, me dice:
"Después que fui estrella naciente, continué cantando, acompañada por Manolo Tirado, pero, a medida que iba estudiando, comencé a ampliar el repertorio. Yo tenía una voz natural muy lírica. En La Corte Suprema del Arte nos ponían maestros de música, de canto y de actuación, si lo deseabas. Empecé a estudiar canto con el tenor Mariano Meléndez, muy famoso, pero estaba retirado y se dedicaba a dar clases. Él fue quien me dijo que tenía una voz que admitía el género lírico y ahí es donde empiezo a montar también zarzuelas y operetas".

Después de triunfar en La Corte Suprema del Arte, Rosita continúa unos años haciendo radio.

"Durante los últimos años de la década de los treinta y principios de los cuarenta, trabajo intensamente en la radio. Estuve un tiempo contratada por La hora ibérica de la COCO. Entre Georgina Oliva y yo cubríamos una hora de programa con la Rondalla Ibérica, formada por músicos cubanos. Con el director de este grupo, Alberto del Pozo, que era encantador, monté mucho repertorio. Así estuve como un año hasta que la CMQ me vuelve a contratar.
Esta vez me dieron un programa muy bonito La galería de la fama. Siempre había una personalidad invitada. Podía ser un artista, también un profesional famoso, escritor, arquitecto, pintor. Yo los entrevistaba, cantaba y presentaba un artista invitado extranjero. Fue allí donde conocí a Pedro Vargas y a otros cantantes famosos. Tenía que hacer un trabajo muy variado.
En eso me ayudaron mucho las clases de actuación que estaba dando con Enriqueta Sierra (la mamá de Carlos Irigoyen y José A. Caíñas Sierra), talentosa actriz y directora, que inició en Cuba el radio-teatro. De esta forma trabajaba y, al mismo tiempo, ampliaba mi horizonte".































 
 
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