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Los comienzos en el arte de Rosita Fornés














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Culturales : De ayer y de siempre :

 

Los comienzos en el arte de Rosita Fornés

 

 

Por Ramón Fajardo

 

 

«Mi vida es la de una muchacha cualquiera… ¡que tiene grandes ambiciones, y trabaja muy duramente por ir hacia su logro poco a poco!»

Así afirmaba la cantante y actriz Rosita Fornés casi al final de una entrevista que para Carteles le hiciera en junio de 1943 a Arturo Ramírez, prestigioso periodista de ese semanario habanero, en la cual ella resumía su primer lustro de labor artística, expresó sus aspiraciones profesionales y evocaba sus comienzos en la farándula.

Como sus declaraciones nos resultaron de interés para nuestros lectores voy a reproducir pasajes de tal entrevista en la sección de hoy.

 

Nuestra Farándula.-Rosita Fornés. Carteles año 24, núm.32., pp. 6-9 y 43

 

«Un mero incidente de a bordo en viaje de regreso de España a Cuba, inició la carrera teatral de Rosita Fornés (…) en el barco en Almería, y gentes alegres organizaron una fiesta. La chiquilla cubana aceptó un turno en el show social, y acompañada al piano por una concertista santiaguera que retornaba también a la patria cantó uno de los tangos favoritos de Gardel, “Silencio en la noche”.

---Los aplausos ---nos dice--- se me clavaron aquí…dentro. Era una chiquilla, y acaso mi aplomo fue el factor decisivo en el éxito… que fue el éxito de la fiesta… Dos años después no había empezado mi carrera… ni se soñaba en ella. Pero cuando evocaba mi triunfo en aquella fiesta a bordo, en Almería, me palpitaba fuertemente el corazón.

---¿Y qué hacía usted por España?

---Pues, más que otra cosa pasear… El colegio no me preocupaba mucho realmente. Residí con mis padres dos años en Madrid, tierra de mi madre, y un año en Valencia, tierra de papá. Comencé el bachillerato, aprendí algo de taquigrafía y mecanografía, pero me interesaba mucho más ir al cine o al teatro y hacer excursiones de recreo por provincias.

(…)

---Fui creciendo, como cualquiera chiquitina, entre el mimo familiar, que se hizo intenso cuando desde los cuatro o los cinco años empecé a exhibir “gracias” en cierto modo teatrales… Le digo esto porque es sin duda antecedente de lo que va después…

(…)

---Después el colegio. Primero el de las Siervas de San José; más tarde el del Centro de Dependientes. A los 10 años embarqué para España. Vino lo de la fiesta del barco, y al pisar de nuevo mi tierra me sentí por unos meses inclinada a “reverdecer mis laureles” de las fiestas escolares y del tango “Silencio en la noche”: estuve unos 4 meses dando clases de música con Juan Antonio Cámara.

Eso fue todo, por entonces. Rosita, a los 120 días exactamente interrumpió el aprendizaje artístico, como antes había interrumpido el bachillerato. Y se dio, con sus pimpantes trece años, a las diversiones y el no hacer nada de las chicas de esa edad, en familias acomodadas.

---El temperamento ---señala—estaba dentro, latente. Mas, ni se mostraba, ni intentaba hacerlo.

---Cuando se organizaron las radiotrasmisiones de aficionados ¡entonces sí que se abrió camino por dentro de mí!, primero; por mi medio familiar, después. Y, créame, fue más fácil aquello que esto.

(…)

---¡Buena batalla di para que mis padres admitieran mi presentación como aficionada!

---Se destacó enseguida….

---Sí, es la pura verdad. Cantando el repertorio de Angelillo y de Imperio Argentina obtuve primeros premios, y luego contrato fijo en programas de aficionados, para cantar esas cositas españolas y actuar en papelitos dramáticos de episodios.

---La oposición familiar ¿se mantuvo?

---¡Y cómo! Cada paso , que me acercaba al profesionalismo, me costaba una escaramuza… Pero debo reconocer que tuve siempre en mis padres, en lo artístico, magnífico consejo y dirección. Lo que les disgustaba era la profesionalización.

---Que al fin llegó.

---Llegó. Aunque con contrato, mis presentaciones seguían siendo, en radio y teatro, en espectáculos íntegramente formados por aficionados. Un buen día don Heliodoro García me llamó para esta oferta: ir en programa con los Chavalillos Sevillanos, como profesional, al teatro Nacional. Mi familia comprendió que obligarme a retroceder era tanto como matarme… Y accedió… De allí pasé, contratada también por Heliodoro García, al Sans Souci, donde actué seis meses.

---Ya estaba bautizada.

---¡Como una catapulta!

(…)

---Antes de ese lanzamiento (…) tuve a mi cargo la damita joven de “Una aventura peligrosa”, película cubana dirigida por Ramón Peón (…). Esto tiene para mí especial significación, porque fue para esa película que canté por primera vez una canción cubana… entre la expectación dudosa de muchos.

Y ahora viene la puerta grande. Rosita poseía ya cierta experiencia. Vio eso el primero Antonio Palacios.

---Me dijo una vez en el radio que si organizaba una compañía teatral, contaría conmigo… No fue promesa vana; valientemente se presentó en la Comedia y me dio una oportunidad en “El asombro de Damasco”. La temporada murió casi al nacer…. Poco después, también en la Comedia, debutó Lecuona con su compañía lírica, y me dio oportunidad en “La del manojo de rosas”, “Los gavilanes”, y “La viejecita”, junto a artistas de la experiencia y nombre de Eugenia Zuffoli, Miguel de Grandy, Luisa María Morales y Antonio Palacios. Tampoco esta temporada prosperó. Al cabo de un tiempo, la reanudó Miguel de Grandy, que pudo sostenerla más tiempo en la Comedia, Martí y Campoamor.

Con gran rapidez ascendió Rosita. El público aplaudió sus actuaciones en la duquesa Carolina, de “Luisa Fernanda”; Francisquita, de “Doña Francisquita”; Ana de Glavaris de “La viuda alegre” y otros roles estelares del habitual repertorio de zarzuelas y operetas, amén de algunos estrenos.

La crítica unánimemente advirtió en la joven aptitudes notables, capaces de abrirle buenos horizontes, bajo una buena dirección. El público la destacó enseguida, concediéndole, con largueza, su favor.

Los vaivenes de nuestro teatro, que se sostiene, cuando se sostiene precariamente, llevaron a la joven tiple al género dramático. Miguel de Grandy quiso probar suerte con un título cartelero, “Teatro Romántico”, en una temporada en el Campoamor. Reunió a Rosita Fornés, Otto Sirgo, Concha Pascual, Pedrito Fernández y otros veteranos y casi noveles actores y se lanzó con una adaptación de “La novela de un joven pobre”, y con “La dama de las camelias”. El triunfo no coronó el esfuerzo. Pero Rosita volvió a ganarse el aplauso del público y el aliento de los críticos.

Luego Mario Martínez Casado la incorporó a su elenco del Principal. Hizo unas comedias.

---(…) Sé que tengo condiciones; eso no es inmodestia, ni vanidad . Sé que mi vocación es firme, absoluta. Pero sé también que el teatro es un largo camino que hay que recorrer, para triunfar, con andadores: uno, el propio talento, cuando se tiene; otro, buena dirección. Yo he tenido buenos directores, y públicamente quiero mostrarles mi gratitud, porque a ellos en gran parte debo lo que se llama mi triunfo: Antonio Palacios, Miguel de Grandy, Martínez Casado… Y eso es lo que sigo necesitando: buena dirección; porque lo otro, voluntad, estudio, labor, yo lo pongo, con creces.

---¿Qué aprendizaje artístico ha hecho…además de aquellos famosos 120 días de clases de música…?

---Pues… clases de baile con Margarita Lecuona, apenas iniciadas se interrumpieron, por mi apéndice. Clases de canto con Mariano Meléndez, Dominicis, Dalmau, Elósegui; todas muy intermitentes e incompletas. Clases de declamación, pocas, con Enriqueta Sierra…Mi real aprendizaje artístico ha estado, está y estará en el escenario mismo…

---¿Qué preferiría ser al final de su carrera?¿Una gran estrella de las variedades y la revista, como la Mistinguett o la Meller? ¿Una gran estrella de la opereta como la Iris? ¿Una Sarah Bernhardt? ¿Una…

---¡No siga! Desde luego, una gran actriz dramática.

 

 

Tomado de

Habana Radio

2006/12/8

 

http://www.habanaradio.cu/modules/mysections/singlefile.php?lid=1943































 
 
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