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NUESTRA FARÁNDULA

ROSITA FORNÉS

Por ARTURO RAMÍREZ
Revista CARTELES / 6 Junio 1943 / Paginas: 6, 7, 8 y 9

- Un mero incidente de a bordo. - "Silencio en la noche...". - Atractivos. - El viaje a España.
- Cubanita. - La edad. - El colegio. - El temperamento. - El camino. - La gran batalla.
- Imperio Argentina y Angelillo. - El consejo paterno - Profesionalización - Don Heliodoro García.
- La catapulta. - "Una aventura peligrosa". - Quién vió primero. - Lecuona y Miguel de Grandy.
- El ascenso. - Crítica y público. - Cambio de género. - Con Mario Martínez Casado.
- Más bien algunas... - Andadores. - El aprendizaje, artístico y el escenario. - ¡Ni siquiera el amor!
- Insistencia profesional. - Romance roto. - Oferta de México. - Género preferido.
- El Juzgado Correccional. - Cómo vive.

UN MERO incidente de a bordo, en viaje de regreso de España a Cuba, inició la carrera teatral de Rosita Fornés, que luce hoy, al cabo de un corto profesionalismo, como una promesa -un buen prospect, jessiosadeizando- de nuestra farándula. Hizo escala el barco en Almería, y gentes alegres -no acechaban entonces bajo las ondas marinas los lobos de Doenitz- organizaron una fiesta. La chiquilla cubana aceptó un turno en el show social, y acompañada al piano por una concertista santiaguera que retornaba también a la patria, cantó uno de los tangos favoritos de Gardel, Silencio en la noche.

Los aplausos -nos dice, entre sonreída y emocionada- se me clavaron aquí... adentro. Era una chiquilla, y acaso mi aplomo fué el factor decisivo en el éxito... que fué el éxito de la fiesta... Dos años después todavía no había empezado mi carrera... ni se soñaba en ella... Pero cuando evocaba mi triunfo de aquella fiesta a bordo, en Almería, me palpitaba fuertemente el corazón.

Rosáceamente blanca, arrubiada, de ojos amplios y cambiantes -de verde a azul, de azul a verde; hermosa, joven y fragante, Rosita Fornés tiene aún un atractivo más: la voz cantarina, y cariciosa. Charlamos en la sala de su residencia; sin descuidar el hilo 'de la interviú anotamos todo eso, que, indudablemente, favorece- ¡y cuánto! -sus perspectivas artísticas. ¿A quién no le agrada que la tiple, o actriz, además de temperamentos y dotes, posea agradable estampa física y agradable decir?...

- ¿Y qué hacía usted por España?

- Pues, más que otra cosa, pasear... El colegio no me preocupaba mucho, lealmente hablando... Residí con mis padres dos años en Madrid, tierra de mi madre, y un año en Valencia, tierra de papá. Comencé el bachillerato, aprendí algo de taquigrafía y mecanografía, pero me interesaba mucho más ir al cine o al teatro, y hacer excursiones de recreo por provincias.

- ¿Usted, desde luego, es cubana?

- Cubanita, desde luego -confirma risueña-. Nací en La Habana el 11 de febrero de...

Detenemos con un gesto rápido la cita del año. Se sorprende ella, y aclaramos:

- ¡Oh!... ya sabemos que iba a decir la verdad... Ahora quiere... no le importa decirla; pero andando el tiempo...

Seriamente expone:

- Acaso tenga usted razón, y andando el tiempo yo lamentaría haber dejado en CARTELES constancia del año de mi nacimiento. Acaso... Porque por ahora pienso que es inútil... tontería femenina, ocultar la edad. ¡Si se conoce! ¡Si no hay a quien engañar sino a uno mismo!

- Pues... hasta muchos hombres cometen esa tontería... Dejemos la cosa así: 11 de febrero, a secas.

- Aceptado.

- Nació, pues, en La Habana. ¿Y después del nacimiento?

- Fui creciendo, como cualquier chiquitina, entre el mimo familiar, que se hizo intenso cuando, desde los cuatro o cinco años, empecé a exhibir "gracias" en cierto modo teatrales... Le digo esto, porque es sin duda antecedente de lo que va después...

- Venga ese después.

- Después... el colegio. Primero el de las Siervas de San José; más tarde, el del Centro de Dependientes. A los 10 años embarqué para España. Vino lo de la fiesta del barco, y al pisar de nuevo mi tierra me sentí por unos meses inclinada a "reverdecer mis laureles" de las fiestas escolares y del tango Silencio en la noche: estuve unos 4 meses dando clases de música con Juan Antonio Cámara.

Eso fué todo, por entonces. Rosita, a los 120 días exactamente, interrumpió el aprendizaje artístico, como antes había interrumpido el bachillerato. Y se dió, con sus pimpantes trece años, a las diversiones y el no hacer nada de las chicas de esa edad, en familias acomodadas.

- El temperamento -señala- estaba dentro, latente. Mas, ni se mostraba, ni intentaba hacerlo.

- ¿Cuando?...

- Cuando se organizaron las radiotransmisiones de aficionados. ¡Entonces sí que se abrió camino por dentro de mí, primero, por mí medio familiar, después. Y, créame, fué más fácil aquello que esto.

- No tiene que jurarlo.

- ¡Buena batalla di para que mis padres admitieran mi presentación como aficionada!

- Se destacó en seguida...

- Sí, es la pura verdad. Cantando el repertorio de Angelillo y de Imperio Argentina obtuve primeros premios, y luego contrato fijo en programas de aficionados, para cantar esas cositas españolas y actuar en papelitos dramáticos de "episodios".

- La oposición familiar ¿se mantuvo?

Pondera con un gesto y una sonrisa al decir:

- ¡Y cómo! Cada paso, que me acercaba al profesionalismo, me costaba una escaramuza... Pero debo reconocer que tuve siempre en mis padres, en lo artístico, magnífico consejo y dirección. Lo que les disgustaba era la profesionalización.

- Que al fin llegó...

- Llego. Aunque con contrato, mis presentaciones seguían siendo, en radio y teatro, en espectáculos íntegramente formados por aficionados. Un buen día don Heliodoro García me llamó para esta oferta: ir en programa con los Chavalillos Sevillanos, como profesional, en el teatro Nacional. Mi familia comprendió que obligarme a retroceder era tanto como matarme. Y accedió... De allí pasé, contratada también por Heliodoro García, al Sans Soucí, donde actué seis meses.

- Ya estaba lanzada.

- ¡Como por una catapulta! -define, riendo con fuerza.

Es necesario retroceder un poco, porque se le ha "quedado en el tintero" la actuación cinematográfica inicial.

- Antes de ese lanzamiento -explica- tuve a mi cargo la damita joven de Una aventura peligrosa, película cubana dirigida por Ramón Peón, en la que actuaron John Bux, Aníbal de Mar, Xiomara Fernández, María Pardo y el infortunado Fernández Criado. Esto tiene para mí especial significación, porque fué para esa película que canté por primera vez una canción cubana... entre la expectación dudosa de muchos.

Y ahora viene la puerta grande. Para franquearla con buen éxito Rosita poseía ya cierta experiencia, ingrediente indispensable para añadir al temperamento y las facultades. Vio eso el primero Antonio Palacios.

- Me dijo una vez en el radio -cuenta la señorita Fornés- que si organizaba una compañía teatral, contaría conmigo... No fué promesa vana: valientemente se presentó en la Comedia, y me dió una oportunidad en El asombro de Damasco. La temporada murió casi al nacer... Poco después, también en la Comedia, debutó Lecuona con su compañía lírica, y me dió oportunidad en La del manojo de rosas, Los Gavilanes y La Viejecita, junto a artistas de la experiencia y nombre de Eugenia Zuffolí, Miguel de Grandy, Luisa María Morales y Antonio Palacios. Tampoco esta temporada prosperó. Al cabo de un tiempo, la reanudó Miguel de Grandy, que pudo sostenerla más tiempo, en la Comedia, Martí y Campoamor.

Con gran rapidez ascendió Rosita. El público aplaudió sus actuaciones en la duquesa Carolina, de Luisa Fernanda, Francisquita, de Doña Francisquita, Ana de Glavaris, de La Viuda Alegre, y otros róles estelares del habitual repertorio de zarzuelas y operetas, amén de algunos estrenos.

La crítica unánimemente advirtió en la hermosa joven aptitudes notables, capaces de abrirle buenos horizontes, bajo una discreta dirección. El público la destacó en seguida, concediéndole, con largueza, su favor.

Los vaivenes de nuestro teatro, que se sostiene, cuando se sostiene, precariamente, llevaron a la joven tiple al género dramático. Miguel de Grandy quiso probar suerte con un título cartelero, "Teatro Romántico", en una temporada en el Campoamor. Reunió a Rosita Fornés, Otto Sirgo, Juan Lado, los hermanos Rojo Pinto, Concha Pascual, Pedrito Fernández y otros veteranos y casi noveles actores, y se lanzó con una adaptación de La novela de un joven pobre, y con La Dama de las Camelias. El triunfo no coronó el esfuerzo. Pero Rosita volvió a ganarse aplausos del público y aliento de los críticos.

Poco después, nuestro gran actor cómico Mario Martínez Casado la incorporó a su elenco del Principal. Y desde entonces Rosita viene haciéndose aplaudir -¡y aprendiendo, aprendiendo!- en Topacio, Brujería amorosa, Canallita mío, Un bebé en París, Las don Juanes, Tres matrimonios y un enredo y otras comedias.

Repetimos lo del aprendizaje porque ella lo recalca de esta manera:

- Sé que algunos... más bien algunas, se empeñan en decir que soy vanidosa, que ya me creo una estrella... Le juro a usted que ni una cosa, ni otra. Sé que tengo condiciones; eso no es inmodestia, ni vanidad. Sé que mi vocación es firme, absoluta. Pero sé también que el teatro es un largo camino que hay que recorrer, para triunfar, con andadores: uno, el propio talento, cuando se tiene; otro, buena dirección. Yo he tenido buenos directores, y públicamente quiero mostrarles mi gratitud, porque a ellos en gran parte debo lo que se llama mi triunfo: Antonio Palacios, Miguel de Grandy, Martínez Casado... Y eso es lo que, sigo necesitando: buena dirección; porque lo otro, voluntad, estudio, labor, yo lo pongo, con creces.

- ¿Qué aprendizaje artístico ha hecho... además de aquellos famosos 120 días de clases de música?

- Pues... clases de baile con Margarita Lecuona; apenas iniciadas se interrumpieron, por mi apéndice. Clases de canto con Mariano Meléndez, Dominicis, Dalmau, Elósegui; todas muy intermitentes e incompletas. Clases de declamación, pocas, con Enriqueta Sierra... Mi real aprendizaje artístico ha estado, está y estará en el escenario mismo...

- ¿Nada estorbará su carrera?

- ¡Nada!

- ¿Ni siquiera el amor?

Hay una sombra en la débil sonrisa que nos da ahora, contrastando con la suya característica, amplia, abierta.

- Ni el amor -responde-. El amor me ha rondado varias veces. He sabido siempre dentro de mí que si el romance era compatible con mi carrera artística, gozaría el romance; si no, no.

- Su novio...

- Mi ex novio...

- ¡Ah!

- Sí. Parecía que íbamos a casarnos pronto. Súbito, una dificultad, leve al principio. Ya sabe usted cómo son estas cosas. Se complican. La simple nube se convierte en cielo nublado. Luego, la tempestad... Quisiera hablar de otra cosa.

Es en verdad molesto para el entrevistador insistir; pero insiste, porque por sobre su discreción y la inhibición de la entrevistada está la misión periodística.

- Mi novio sabía -accede al fin a hablar- que nuestro matrimonio no debía estorbar ni mi carrera artística ni la de él. Fué una condición libremente aceptada por ambos al iniciar nuestras relaciones...

- Ahora rotas...

- ¡Ahora rotas! -nos hace eco, con énfasis.

Hay una pausa. Es prudente vencerla, y planteamos otra cuestión:

- ¿En cuáles películas ha actuado, además de Una aventura peligrosa?

- En una sola... Romance musical, dirigida por Caparrós... Ahora tengo ofertas de México para cine, además de teatro y radio.

- ¿Acepta?

- Estudio la proposición...

- De todos los géneros teatrales que ha cultivado... opereta, revista, variedades, comedia, drama...

- Y comedia musical -añade con presteza-. Yo estrené recientemente en el Auditórium la obra de este género de Olga de Blanck y María Julia Casanova titulada Vivimos hoy.

- De todos, ¿cuál es el que más le gusta?

- No sabría decir, así, sin analizarme.

La apuramos:

- ¿Qué preferiría ser, al finalizar su carrera? ¿Una gran estrella de las variedades y la revista, como la Mistinguett o la Meller? ¿Una gran estrella de la opereta, como la Iris? ¿Una Sarah Bernhardt? ¿Una...?

- ¡No siga! Desde luego, una gran actriz dramática.

- ¿Está haciendo algo por llegar a serlo?

Nos mira de hito en hito. Responde con dos preguntas:

- ¿Quién podría afirmar que sí? ¿Quién podría afirmar que no?

Hace unos meses Rosita Fornés fué protagonista -¡a la fuerza!- de un desagradable incidente. Un piropeador callejero se excedió -¡si es que el exceso puede apreciarse en algo que es exceso siempre!- y la artista se vió precisada a castigar el vejamen. El caso no quedó en el comentario de las gentes: encontró conclusión en el Juzgado Correccional, con una condena de ciento ochenta días para el atrevido.

Revela el incidente la entereza de carácter de Rosita. Un claro concepto del respeto que a sí misma se debe, y que tiene derecho a exigir le tengan los demás.

¿Cuál es la vida de Rosita Fornés? Esta, descrita por ella misma:

- Ensayar, representar, radiar, cantar... Cuando me queda tiempo, ir a la playa, o al cine. En casa, leer, o jugar con mis hermanitos, o planear con mis padres mi futuro. Ni soy sofisticada, ni poseo eso que llaman "ángulos pintorescos". Mi vida es la de una muchacha cualquiera... ¡qué tiene grandes ambiciones, y trabaja muy duramente por ir hacia su logro poco a poco!

¿Ha habido orgullo en sus palabras? No sabemos. Firmeza si la hemos advertido. En las palabras, y en los ojos cambiantes -¡de verde a azul, de azul a verde!
















Esta entrevista ha sido compartida por cortesía de
RAMÓN FAJARDO ESTRADA