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ROSITA FORNÉS WEB PAGE

Rosita Fornés: Diva y Vedette de todos los tiempos














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Rosita Fornés,

diva y vedette de todos los tiempos

 

 

Con La Corte Suprema del Arte,  la radio inaugura el primer programa que tiene el aplauso del público como gran veredicto. Sale al aire el 1ro de diciembre de 1937, en la CMQ de Monte y Prado, en la Ciudad de La Habana. De este programa que anima José Antonio Alonso, surgen incontables figuras que más tarde iluminan el firmamento artístico del país. Entre ellas, destaca, nuestra Rosita Fornés. 

“Me siento muy orgullosa por haber iniciado mi vida artística en  La Corte Suprema del Arte. Fue para mí un paso primero, pero muy seguro que me abrió las puertas de la radio. Llegué cuando el programa tenía más de un año. Que me admitieran, que le cayera bien al público desde la primera noche, fue un logro.”

Desde que tiene uso de razón, quiere ser artista, - confiesa - que no ha visto teatro y no asiste mucho al cine. Eso sí, su abuelo tiene una discoteca fabulosa y ella se pasa muchas horas oyendo ópera y zarzuelas.

“Escuchaba radio y cuando tenía catorce años ya me sabía todas las canciones españolas de moda en esa época. Mi padre me quiso complacer, porque me pasaba la vida cantando y fue así como me llevó a La Corte Suprema del Arte. En ese programa ya había una colección de estrellas nacientes. Así llamaban a los que se llevaban el primer premio de la primera noche, y después se quedaban contratados.”

En su primera y memorable actuación, el público, el de ayer, brinda su mayor aplauso a Rosalía Palet Bonavía, para que su pueblo, el de siempre reciba a una de las figuras emblemáticas de la cultura nacional, dueña genuina de la escena, la vedette de América: Rosita Fornés.

“En mi casa me pusieron Rosalía, pero nunca en la vida me llamaron así, siempre me dijeron Rosita. Era la tercera Rosita, la más chica. Rosita se llamaba también mi abuela y mi tía por parte de madre.”

Pero ella no considera artístico el nombre de Rosita Fornés. Veamos ¿por qué?

“Aún cuando no estoy inscripta como Rosita Fornés, no lo considero nombre artístico. Yo me siento Rosita, por lo que ya te dije y lo de Fornés tiene una explicación. Mi papá se llamaba Santiago Palet y murió siendo yo pequeña, estando ya divorciado de mi madre. Mamá se casó de nuevo con José Fornés. En realidad, Fornés es el que me cría y cuando decido inscribirme en el concurso de la CMQ, él me complace, alienta y me dice: “Inscríbete como Rosita Fornés, ya que no tienes mi apellido legalmente, si algún día llegas a ser una artista famosa, que sea con mi apellido.” Y lo hice con mucho gusto, porque, además, tengo dos hermanos Fornés, de verdad.”

“¿A quién se lo va a dedicar? ¡Música, maestro!” Con ese estilo personalísimo que lo caracteriza, el animador del programa José Antonio Alonso da paso a cada concursante.

Rosita recuerda: “Éramos verdaderamente aficionados. Todo lo que hacíamos era por inspiración, por eso tengo un recuerdo muy bonito de ese primer paso por la radio. Desde la primera vez, me puse nerviosísima. Cada vez que me anunciaban las piernas casi se me doblaban, pero era tanto el deseo de actuar y de cantar que salía adelante. Además, he tenido una cosa muy buena: le he caído bien a la gente, lo que me ha ayudado mucho. He tenido eso que llaman “ángel”.

Desde finales de la década de los años treinta, profundos lazos de cariño la unen a un símbolo de la radio nacional. ¿Cómo se inicia esta amistad?

“Con el grupo de estrellas nacientes conformaron un espectáculo musical, que se presentó en todos los teatros de La Habana y en muchas provincias. Llegamos hasta Camagüey. Para estas giras, el espectáculo de La Corte Suprema del Arte contó con un presentador, que fue como un padre que nos cuidaba a todas, porque éramos muchachitas muy jovencitas. Imagínate, yo tenía quince años y siempre me acompañaba una tía mía, en aquellos momentos se cuidaban mucho esos detalles. Y Germán Pinelli se convirtió en un padre para todas, muy cariñoso. Allí nació una amistad entrañable, que duró casi sesenta años.”

Entre las añejas imágenes que guardamos en los archivos del recuerdo, hay algunas que permanecen frescas como el primer día. ¿Recuerda Rosita Fornés cuál fue el número con que debuta en la radio?

“¿Cómo no lo voy a recordar? Eso no se olvida nunca. Cuando tenía diez años mis padres me llevaron a vivir a España y regresaron casi cuatro años después. Yo me aprendí todo el repertorio de canciones españolas de la época. El que cantaba Conchita Piquer, Imperio Argentina, Estrellita Castro.

Cuando me presenté en La Corte Suprema del Arte, el maestro David Rendón era el director musical, probaba a todos los aspirantes y sugería el acompañamiento. Así me presenta a un guitarrista andaluz, que tocaba a veces allí y había acompañado a otros concursantes que cantaban algo de flamenco.

Este guitarrista me preguntó si sabía música española y le dije que me gustaba una milonga que era muy popular en España. Yo la oía mucho por la radio interpretada por un cantante famoso que se llamaba Angelillo. Y fue así como obtuve el Primer Premio con La milonga de Juan Simón, acompañada por la guitarra andaluza de Manolo Tirado, que realmente la enriqueció musicalmente.

Por cierto, recuerdo un detalle que me daba mucha gracia, este guitarrista hablaba con voz ronca y “muy cerrada”. Algo típico en la comunidad andaluza es la diferencia que presentan en el habla las distintas regiones. En el caso de Manolo, no estoy segura si era de Córdova, pero hablaba así.”

Cuando le pregunto sobre su formación, Rosita, me dice: 

“Después que fui estrella naciente, continué cantando, acompañada por Manolo Tirado, pero, a medida que iba estudiando, comencé a ampliar el repertorio. Yo tenía una voz natural muy lírica. En La Corte Suprema del Arte nos ponían  maestros de música, de canto y de actuación, si lo deseabas. Empecé a estudiar canto con el tenor Mariano Meléndez, muy famoso, pero estaba retirado y se dedicaba a dar clases. Él fue quien me dijo que tenía una voz que admitía el género lírico y ahí es donde empiezo a montar también zarzuelas y operetas.”

Después de triunfar en La Corte Suprema del Arte, Rosita continúa unos años haciendo radio.

“Durante los últimos años de la década de los treinta y principios de los  cuarenta, trabajo intensamente en la radio. Estuve un tiempo contratada por La hora ibérica de la COCO. Entre Georgina Oliva y yo cubríamos una hora de programa con la Rondalla Ibérica, formada por músicos cubanos. Con el director de este grupo, Alberto del Pozo, que era encantador, monté mucho repertorio. Así estuve como un año hasta que la CMQ me vuelve a contratar.

Esta vez me dieron un programa muy bonito La galería de la fama. Siempre había una personalidad invitada. Podía ser un artista, también un profesional famoso, escritor, arquitecto, pintor. Yo los entrevistaba, cantaba y presentaba un artista invitado extranjero. Fue allí donde conocí a Pedro Vargas y a otros cantantes famosos. Tenía que hacer un trabajo muy variado.

En eso me ayudaron mucho las clases de actuación que estaba dando con Enriqueta Sierra (la mamá de Carlos Irigoyen y José A. Caíñas Sierra), talentosa actriz y directora, que inició en Cuba el radio-teatro. De esta forma trabajaba y, al mismo tiempo, ampliaba mi horizonte.”

Sobre la significación de Antonio Palacios en su vida artística, expresa: 

“Ése es mi padre artístico. Ya me habían hablado de él en CMQ. Antonio Palacios era un magnífico artista de zarzuelas y salió de su país. Es precisamente, un refugiado de la Guerra Civil Española. Un día, se me presentó sólo: “Perdóname que te interrumpa, estaba esperando que terminaras de ensayar, yo soy Antonio Palacios, te he observado y me gusta mucho como tú cantas. ¿Te gustaría cantar una zarzuela o una opereta.” Enseguida le contesté que sí. Toda la vida fui audaz.

Recuerdo que Palacios me dice: “Estoy haciendo una temporadita corta en el teatro La Comedia y quisiera que me hicieras El asombro de Damasco.” Respondí: “Si usted cree que yo lo puedo hacer, yo lo hago.” Me lo montó y debuté con Miguel de Grandy y con Pedrito Fernández, que sabían mucho de ese género.

Antonio Palacios tenía un elenco muy bueno formado. Ahí es donde empiezo a hacer género de zarzuela y de opereta. Y fue precisamente en estas presentaciones donde me ve el maestro Ernesto Lecuona. Terminando mis actuaciones con Palacios, Lecuona hizo una temporada y me lleva después con Miguel de Grandy.”

Durante muchos años cultiva con éxito el género de la zarzuela y la opereta en Cuba y en el exterior.

“Me he sentido muy feliz en ese género. Tuve la suerte de cantar con los padres de Plácido Domingo. El padre que tenía ese mismo nombre y la madre Pepita Embil. Ellos vinieron a Cuba, a mediados de la década de los cuarenta, y cosecharon muchos éxitos, antes de establecerse en México. Recuerdo que Plácido Domingo, el hijo, era muy jovencito.

Después vuelvo a verlos en México. Pepita Embil estuvo contratada en la compañía que yo tenía junto a Manuel Medel, el padre de mi hija. Fueron muchas las temporadas que hice con este género en México. En Venezuela, también me presenté junto a Antonio Vela, un cantante español muy bueno.

El género de zarzuelas y operetas me ha dejado tantas satisfacciones. La viuda alegre yo la disfrutaba, la vivía. También La duquesa del Bal-Tabarín; La princesa de las Czardas; La casta Susana; El soldado de chocolate. Tengo hecho un repertorio muy grande de operetas y zarzuelas, imagínate, estrené la Luisa Fernanda. También estrené una que se llamó Don Gil de Alcalá, que se puso pocas veces. Es una ópera, pudiéramos decir, porque toda es cantada, una obra muy bonita. He hecho Los gavilanes; La del manojo de rosas; La revoltosa, La verbena de la Paloma. Todas esas obras las he vivido intensamente, las recuerdo con un amor muy grande.”

Los escenarios españoles más exigentes exhiben su actuación durante dos años a finales de la década del cincuenta. Sobre las obras que lleva a la escena, afirma:

“En España debuté con una especie de comedia musical, tipo opereta, titulada Linda Misterio, con música de Augusto Algueró. Después hice Los siete pecados capitales, con música también de Algueró y del maestro Montorio. Trabajé en otra obra que se llamó Pan, amor y la gran vida, que era muy simpática. Trabajaron artistas españoles de aquella época, muy buenos. Y, por último, Tócame Roque, con letra del maestro José Muñoz Román, cultor de las famosas Leandras. La estrené con un gran éxito. Después cancelé mi contrato en España, por un asunto personal, y no regresé hasta mayo y junio de 1999, que fui contratada por Alina Sánchez, que quiere desarrollar ese género en España. Presentamos María la O con un éxito rotundo.

Hay que tener presente que de los países latinoamericanos, Cuba es el único que hace zarzuelas y las hay muy bonitas. Las más representativas son Cecilia Valdés y María la O, de los maestros Gonzalo Roig y Ernesto Lecuona. También se cuentan otras importantes del propio Lecuona y del maestro Rodrigo Prats, entre otros destacados autores.”

En México triunfa rotundamente en el teatro, la radio, la televisión y el cine. En la propaganda de la época se le designa como “la Vedette de México y de América”.

“Fui por vez primera a México en 1945, contratada para hacer la película El deseo. En este país, además del cine, tuve una vida artística muy grande en el teatro y también  hice radio y televisión. Allí tuve el honor de compartir el escenario con destacados artistas mexicanos.

Cuando yo era la primera vedette de la Compañía, siempre se contrataba a una figura relevante. Unas veces a Libertad Lamarque; otras, a Pedro Vargas; Pedro Infante; Los Panchos; Jorge Negrete y Arturo de Córdova.

También trabajé con Tin Tan, Resortes, otro cómico mexicano y con Cantinflas. Con él no hice cine, trabajé en sketchs y canté dentro de su espectáculo, en el teatro.

En el cine compartí la escena con Emilio Tuero; Domingo y Andrés Soler; con David Silva; Joaquín Pardavé;  Luis Aguilar, entre los relevantes. También con algunos actores que empezaban como galanes que ahora no recuerdo bien sus nombres. De las mujeres, he trabajado con Marga López; Katy Jurado; con Virginia Serret; Silvia Pinal, María Victoria. Con muchas figuras de allá.

En total habré hecho catorce o quince películas en el cine mexicano, en esta primera etapa. Después, en 1960, fui a filmar una película, que no he visto, que se llama Palmer ha muerto. Una coproducción española-puertorriqueña.”

Cuando regresa a Cuba en 1952, ya la televisión anda por su segundo año de existencia. Sin embargo, no es posible hablar del arte televisivo en Cuba y obviar la referencia a quien lo engrandece con su imagen y dotes artísticos que la consagran. ¿Recuerda los primeros programas?

“Tuve la suerte de participar mucho tiempo en programas fijos. La programación era muy rica y variada en un momento en que la de los demás países estaba muy débil, muy escasa. Hasta en España era una televisión muy pobre la que se hacía. Aquí, después de Estados Unidos, teníamos el primer lugar en Iberoamérica. Me quedé asombrada de lo que se hacía aquí en televisión. Debuté en un programa que se llamaba El gran teatro Esso. Fue con una de las operetas que tengo de repertorio, La casta Susana. Después hice varias obras más dentro de aquel Gran teatro Esso y, más tarde, me ofrecieron tener un programa fijo, semanal y me acuerdo que empecé con una cosa que se llamaba Video-Revista La Corona. Precisamente en este programa, Mario Martínez Casado, Gloria de Cuba, era la primera figura masculina y yo la femenina; y el galán lo hacía Armando Bianchi, que fue mi esposo durante veintiocho años. Después, fueron otros programas variados y musicales, como Mi esposo favorito y La comedia del domingo, con Roberto Garriga, que fue un fabuloso director y gran amigo.”

¿Se adapta al trabajo de televisión?, le pregunto. 

“Claro, hay que tener presente que no es la técnica teatral la que se usa, es una técnica intermedia entre teatro y cine, sin embargo, no me costó trabajo adaptarme. En aquella época toda la programación se hacía en vivo. Yo la disfrutaba más que hoy en día, que es grabada. Me parece que al grabar se enfrían las cosas. La gente trabajaba con un calor, un entusiasmo y un gran amor. De verdad que salían cosas que una se quedaba asombrada de cómo podían hacerse de esa forma.

En teatros de obras dramáticas y en las comedias también se hacían dos o tres ensayos rápidos. El día que ibas a salir al aire, a las 12:30 del día hacías un ensayo en seco para familiarizarte con la escenografía, con el set que te habían montado y, más tarde, se hacía ensayo con cámara, sonido y luces. Después, había un descanso y, por la noche, directo al aire y los programas salían con calidad. Desde luego, el artista se entregaba más. Ahora yo veo que no es igual con la técnica de grabación. He sufrido a veces al ver un trabajo mío realizado de esa forma.

Por eso amo tanto y me gusta mucho el teatro, porque tú sales y desde que levantan el telón ya eres la que tienes que hacer todo. Tienes la comunicación y te vas metiendo de acuerdo con el desenvolvimiento de la trama, te vas compenetrando con la actuación y le das más calor, más fuerza, le das corazón”.

Teatro en televisión, primero, El gran teatro ICR, después, la cuenta entre sus principales figuras. Con la realidad que echa sus raíces en el recuerdo de más de cincuenta años, pregunto, ¿Rosita, entre todas las obras en que participa, cuál le brinda mayor placer?

“Todo lo que he abordado en mi carrera artística me ha proporcionado placer. Cada vez que me han confiado un personaje, una actuación, una obra, trato de dar lo más posible, de entregarme en cuerpo y alma y al final el resultado siempre es positivo. Si no es muy positivo, es porque he sido muy exigente con mi trabajo. Siempre he pensado que la obra maestra yo no le he hecho todavía. Y me esfuerzo para ver si la próxima vez la puedo mejorar.

La gente dice: “Muy bien Rosita, sí lo vimos, nos gustó.” A veces pienso que yo le caigo muy bien a la gente, me felicitan más de lo que merezco. Entonces hago un análisis de mi trabajo, así por recordar hice La loba, que es una prueba para la cuestión dramática; también El dulce pájaro de la juventud y La rosa tatuada.

He hecho mucha comedia, lo que me gusta mucho. Lo dramático es muy bonito, pero la comedia es muy agradable y yo las disfruto. Así que todo lo que yo he hecho siempre me ha dejado un recuerdo bonito. Haber hecho una obra y decir después: “¿Quién me mandó a hacer esto?.” Eso no me ha pasado nunca.

Una que recuerdo muchísimo es Morena clara, algo que no se parece a una obra dramática. He hecho estampas y teatro de García Lorca. Hace poco estaba viendo por televisión La casa de Bernarda Alba. Yo hice una estampa de esta obra que montó Alfonso Menéndez para un espectáculo que se llama Ser artista y me gustó mucho asumir ese personaje.

A veces me han preguntado: “¿No te gustaría haberla hecho completa?” Y creo que sí, que me gustaría porque sé que me hubiera quedado un sabor bueno porque así me lo dejaba la estampa que hacía, que encerraba todo el argumento. Pienso que todavía puedo aspirar a hacerla, porque aún no me he retirado”.

Poco después de debutar en la radio, lo hace también a través del celuloide. 

“Debuto en el cine cuando acababa de hacerlo en la radio, como artista y estrella naciente. Fue con la película Una aventura peligrosa, que dirigió Ramón Peón. Igualmente trabajaron Xiomara Fernández, la esposa de José Antonio Alonso, quien fue una valiosa locutora y actriz de radio. También María Pardo que fue una actriz muy conocida aquí trabajó, por supuesto, Aníbal de Mar. El fue el protagonista de esa película, a partir de un personaje creado para la radio que se llamaba don Pancrasio. Yo era la novia de Felipito, el hijo de don Pancrasio.

Trabajé en una película que se llamó Romance Musical. En ella Rita Montaner canta el número La Chismosa. Ese que dice: “Mejor que me calle... y no diga nada...” Trabajaron, además, Otto Sirgo; Marcelo Agudo, actor de radio muy bueno, de voz espléndida como narrador; Minin Bujones y Normita Suárez, que también habían surgido en La Corte Suprema del Arte.

Mi reencuentro con el cine cubano fue con la película Se permuta del director Juan Carlos Tabío y compartí con muy buenos actores y actrices, como Isabel Santos, Mario Balmaseda, Silvia Planas, ya fallecida, la mamá de Raquel Revuelta y Ramoncito Veloz entre otros.

Se permuta es una película que batió récord de entrada. Primero, se presentó en el teatro y tuvo tanto éxito que decidieron llevarla al cine. Esa película me dejó muy satisfecha.

Cuando amo una obra, no analizo solamente el éxito que pueda tener dentro de ella. me interesa que todo el mundo esté muy bien, que la obra guste mucho, que la dirección esté excelente. Cuando uno tiene éxito dentro de un marco de categoría, el triunfo es más fuerte,  más grande, importante, y verdadero. Eso es lo que yo veo en esa película. Que estoy dentro de una cosa en la que todos en conjunto tuvieron un éxito muy grande.

Después, el director Orlando Rojas me llamó para trabajar en su película Papeles secundarios, que también me gustó muchísimo y fue una cinta exitosa.”

Cuando visito a Rosita, para esta entrevista, es la tarde calurosa del 30 de julio de 1999. Me recibe una persona admirable con sus noventa y cinco elegantes años, la sonrisa abierta, franca y el característico acento madrileño, que el trópico no logra borrar. Esta mujer simpática y conversadora es Guadalupe Bonavía, madrileña, la abuela de Rosa María Medel, la formidable actriz de radio, teatro y televisión, “Chiquitina” para sus familiares y amigos.

“Tengo dos nietos, hijos de Rosa María. Hay una bisnieta, porque el mayor, Jannios, se casó. Caroline, ha convertido en abuela a mi hija. Ya tu sabes que Tania, la hija de Bianchi, es también como si fuera hija mía. Vino a mí siendo una niñita y se crió al lado de Chiquitina. Los hijos de ella, que son tres, me dicen abuela. El mayor también tiene una niñita, se llama Miranda y es mayor que Caroline.”

Los innumerables trofeos y condecoraciones que ostenta son fruto directo del sentimiento que nace espontáneo desde la niñez, para proyectar una imagen donde la autenticidad de su cubanía la hace más universal.

“Yo tengo trofeos que me reconocen como la Actriz del Año. Eso es un halago muy grande que te escojan entre todas las actrices que actuaron ese año para entregarte un trofeo.

Tengo el trofeo de la Avellaneda, que entregaban cuando uno hacía un trabajo de mucha importancia. También tengo trofeos como primera actriz cómica, eso me ha encantado porque yo he tenido programaciones cómicas también muy buenas. Aquel programa de Mi esposo favorito gustó bastante en la televisión y el trofeo ha representado mucho para mí. Y ahora dando un salto, tengo trofeos entregados al mérito, por la labor realizada durante los años que viví en México.

Tengo también los trofeos de cuando fui Miss Televisión junto con Armando Bianchi, mi marido. Para mí representa un bonito recuerdo, muy sentimental, porque ahí empezó nuestra unión que duró veintiocho años, hasta que él murió.

Tengo también las mayores condecoraciones del país, las más importantes para un artista. Las órdenes Félix Varela de primer grado; la Alejo Carpentier; la Distinción por la Cultura Nacional y la Réplica del Machete de Máximo Gómez, la Distinción Vicente García y la Distinción Lázaro Peña, entre otras”

A ellas se agregan los PREMIOS NACIONALES DE TEATRO Y TELEVISION POR LA OBRA DE LA VIDA.

Más de sesenta y cinco años la separan desde aquel día que Miguel Gabriel no puede tocar la campaña para interrumpir a la joven de 15 años, que canta La milonga de Juan Simón. Ése es el primer eslabón de una cadena de éxitos ininterrumpidos, que matizan la experiencia que siempre está dispuesta a compartir con sus compañeros.

Hoy con la misma alegría, continúa sus presentaciones artísticas en Cuba y en el exterior. Y admira saber, que alguien que es dueña absoluta de la escena, que triunfa rotundamente en la radio, el cine, el teatro y la televisión, siempre concluye sus presentaciones con la preocupación de mejorar su actuación la próxima vez. Ésa es la grandeza de esta Rosita, para todos los tiempos.

 

 

Entrevista publicada en el libro

“Rostros que se escuchan”

(Tomo I)

de Josefa Bracero Torres

(Editorial Letras Cubanas, 2002)

Tomada del Sitio de la Radio Cubana

www.radiocubana.cu

 

http://www.radiocubana.cu/historia/la_memoria_radial/rosita_fornes_diva_y_vedette_de_todos_los_tiempos.asp

 

 

 































 
 
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